Continuamos nuestro viaje a través de la historia del cannabis medicinal hablando sobre la separación en las distintas especies del genero, de como influyó el uso de la planta en esta segregación y de como la adaptación a los diferentes climas incidio en el mismo uso de la planta.
Capitulo 2. La segregación del genero cannabis, inicio de la bifurcación en el uso de la planta.
Según este panorama hace por lo menos 4 ó 5 milenios el cannabis ya estaba presente en la mayoría de culturas a lo largo de Eurasia y fue la diversidad de estas y sus costumbres y necesidades las que hicieron en poblaciones aisladas geográficamente que la domesticación y la presión selectiva que la acompaña fueran encaminadas hacia unos propósitos u otros unido claro está a la selección natural generada por la adaptación a los distintos climas con los que la planta fue “encontrándose”. Según los últimos estudios [Hilling, K. W., Mahlberg, P. G. (2004)] el género queda dividido en 3 taxones que no ha quedado claro si deben considerarse especies, subespecies o variedades (por ello, biotipos): C. Ruderalis, C. Sativa y C. Indica; estos dos últimos conformarían los acervos genéticos secundarios mayores, de ellos provienen todos los ecotipos y variedades presentes en la cannabicultura actual. Las áreas de evolución de estos biotipos están bien definidas siendo para C. Ruderalis Asia Central y Suroeste de Siberia, para C. Sativa Centro y Este de Europa y Asia Menor y para C. Indica Centro, Sur y Este de Asía y algún área del Este de África. Queda por determinar si la segregación del género fue previa a la presión selectiva de una domesticación por parte del humano o debida precisamente a esta [McPartland, J. M., Guy, G. W. (2004)]. Lo más probable es que estemos ante una pregunta “huevo o gallina”, pues ya sea por propagación natural de la planta o por una difusión de la planta por parte del hombre las adaptaciones al sitio generan aptitudes morfológicas que condicionan el posterior uso y por tanto que la selección se encamine hacia un propósito.
En Europa hablaríamos de una difusión del cultivo hacia el oeste, donde los conceptos médicos no estuvieron especialmente desarrollados por las civilizaciones presentes hasta el advenimiento del encuentro entre oriente y occidente en el florecimiento de Grecia primero y el impero romano después (periodo clásico de la historia). Llego por medio de culturas proto-Escitas, que dejaron el legado de su utilización hace 7000 años estando muy ligados el uso de la fibra del cannabis con el hito de la domesticación del caballo, que según los datos fue en un área del Este de Europa que coincidiría con la actual Ucrania [Merlin, M. D. (2003)].
Las primeras sociedades neolíticas presentes en la zona lo recolectaron, usaron, domesticaron, cultivaron y posteriormente seleccionaron además de por su grano (tendencia habitual con cualquier vegetal recolectado) por su fibra (se cree que el cannabis fue la primera planta en ser recolectada como fuente de fibras por la humanidad) escogiendo para la siembra grano proveniente de especimenes con tallos largos de escaso ramaje y huecos por dentro con largas fibras con las que tejer telas bastas en principio y con las que hacer cuerdas rudimentarias, aunque esa aptitud del vegetal fue en principio más fruto de adaptaciones al entorno como el clima frío y la estación favorable más corta que de la consciencia de los individuos.En contraste su viaje hacia latitudes más bajas con unas condiciones más favorables durante un periodo más largo propiciaría floraciones más abundantes y una mayor producción de cannabinoides y cosecha de semilla (que generaría una mayor atención sobre los especimenes femeninos), circunstancia que no pasaría inadvertida por las gentes que lo cultivaran y que les haría verse atraídos por las propiedades psicoactivas y terapéuticas desde el principio.
En la China ancestral (difusión hacia el este) el cáñamo tuvo un lugar primordial en el desarrollo de su economía primitiva, siendo un tema de estado el abastecimiento logístico proveniente de su cultivo desde su primera configuración como tal; pero también estuvo siempre presente en la farmacopea usada por su medicina tradicional (China es pionera a nivel histórico en la utilización de hierbas y plantas con fines terapéuticos y sanatorios) y esto se ve reflejado en sus ecotipos autóctonos que además de tener una clara especialización para la producción de fibra o semilla conservan un perfil de cannabinoides (ratio THC/CBD) siempre superior a la unidad (esto es THC>>CBD), aunque eso si con cantidades totales del cannabinoide psicoactivo (THC) muy pequeñas, debido a la perdida gradual del interés por la narcoticidad en beneficio de la producción de fibra para la producción de ropa y papel, del que fueron los inventores [Hilling, K. W., Mahlberg, P. G. (2004)].
En su difusión hacia el sur se produjo una atracción por la psicoactividad más que por (o además de) la logística, el alimento e incluso sus propiedades medicas en general y así la domesticación, la forma de cultivo y posterior selección fue enfocada claramente a la producción de droga-medicina e incluso paralelamente se incorporo a las creencias, cultos y religiones pasando a ser sagrada en algunas culturas. Configurando el calendario y las costumbres de dichas gentes. Perfeccionando las técnicas de cultivo enfocadas al aumento de calidad y cantidad de la producción de inflorescencias femeninas o de resinas narcóticas y generando los biotipos de los que provienen todas las variedades cultivares de cannabis narcótico y medicinal presentes en la actualidad.
Un ejemplo de esta disparidad de utilizaciones del cannabis por parte de las diferentes culturas y civilizaciones es el uso como alimento que de la semilla o cañamon se ha hecho tradicionalmente: Europeos y occidentales en general la han usado para crianza de animales domésticos (predominantemente aves) estando el consumo por parte de los humanos relegado a situaciones marginales y de desarraigo; sin embargo en China y oriente en general incluyendo el sur de Asia el consumo humano ha sido algo natural y ha formado parte de la cultura gastronómica de muchos de sus pueblos. Es decir mientras unos hacían un uso como subproducto de lo que en verdad les era útil del cultivo, la fibra, otros lo cultivaron específicamente con este propósito.
Los evidencias arqueológicas confirman que la aparición-diferenciación de ambas “especies” cannabáceas fue más o menos pareja en el tiempo, esto deja entrever que esa diferenciación de especies vino muy marcada por la previa selección natural proveniente de la adaptación propia de una primitiva domesticación o a las condiciones naturales y no por la selección consciente de la sociedades neolíticas occidentales [Small y Cronquist, 1976]; si bien para el mismo periodo de tiempo en Oriente (China) y el sur de Asia (India) la domesticación y por tanto el cultivo estaban más desarrollados, hecho confirmado por la gran diversidad genética que presenta el acervo genético de C. sativa con respecto del de C. indica más tiempo siendo seleccionada para unos usos concretos por parte del Hombre [Hilling, 2004].
Es el resultado de dos líneas adaptativas que surgieron en el lugar de origen pero evolucionadas de manera aislada tras su separación por un periodo glaciar, como el genero de su misma familia, Humulus (lúpulo) que presenta las mismas discontinuidades en sus especies y variedades en su dispersión por el mundo [McPartland, J. M., Guy, G. W. (2004)]. Dicho de otro modo, la segregación del genero no responde desde un primer momento a una interpretación uso-domesticación-selección sino que es debida casi en su totalidad a la adaptación (unida luego a una separación geográfica que las aísla claro esta) aunque eso si, esta incide irrevocablemente en el uso y por tanto esta interpretación es valida en la posterior diferenciación tan clara de aptitudes tanto entre ambas “especies” como dentro de las “subespecies” y “variedades” (siguiendo con la categorización taxonómica ‘especie’ para designar a C. sativa y C. indica).
En la modesta opinión del que escribe C. sativa sería la versión cultivable y cultivada más próxima a un acervo genético primigenio aislado de la zona de origen, que representaría el afán de explotación de la utilidad más evidente de la planta en la que las propiedades medicinales no se buscan sino que son descubiertas y aprovechadas hasta que el predominio del desarrollo material y el rechazo por lo natural propios de occidente acaba por extinguirlas y C. indica es la evolución de un biotipo primigenio de la zona de origen en su difusión hacia el sur y el este, que representaría por un lado el esfuerzo de los pueblos surasiáticos por conservar el carácter narcótico-psicoactivo que aparece en determinadas plantas debido a las adaptaciones climáticas y por otro el progresivo enmascaramiento de este debido al acrecentamiento de otros intereses en la temprana evolución y desarrollo de las sociedades orientales. C. Ruderalis solo es un biotipo primigenio del lugar de origen de la planta proveniente de una evolución natural por adaptación a los cambios producidos en él.
En cuanto al estricto uso medicinal del cultivo no podemos afirmar que se diera solo en las zonas “indicas”, según lo que se ha dicho seria en estos lugares donde se habría sacado mayor partido a la psicoactividad de la planta pues solo en biotipos ricos en cannabinoides con actividad psico-mimética se puede hablar de la generalidad de ese carácter, pero no hay que confundirlo con un concepto más amplio que serían las propiedades terapéuticas del cannabis. Se ha venido hablando de un primer conocimiento de las propiedades medicinales del cannabis por parte de culturas orientales más o menos próximas pero aunque no haya datos escritos sobre occidente tan lejanos en el tiempo conviene insistir de nuevo en que la convivencia de estas gentes con el cultivo camina paralela a aquellas. Hay que esperar al esplendor de estos lugares para que se vean materializados sabiduría y conocimiento en forma de texto. Esto es en el periodo clásico de la historia; y siempre hay que tener en cuenta los diferentes biotipos y ecotipos con los que se contaba en las distintas zonas geográficas.
El hecho de que en la época clásica tanto griegos como romanos conocieran el carácter medicinal de partes de la planta inusuales hace pensar que en el cannabis no solo los cannabinoides poseen propiedades terapéuticas y la medicina actual deberá constatar la infinidad de usos ancestrales recogidos en los tratados botánicos y farmacopeas clásicos. Al fin de al cabo es en esta época del triunfo de la razón y el método científico en occidente cuando se ven recogidos en fuentes escritas de manera más clara los atributos médicos de una hierba que ya era cultivada por toda Eurasia como fuente de fibra y alimento.
El termino cannabis aparece explícitamente en ellos, primero Herodoto hablando de su uso histórico por parte del pueblo Escita como ya se ha comentado, después ya en el primer siglo de nuestra era tanto Plinio el viejo, naturalista científico romano, como Dioscórides, medico y farmacólogo griego; ya hablando de tratamientos concretos como el uso del cañamon contra la otalgia o las raíces para tratar el entumecimiento de articulaciones, la gota e incluso las quemaduras. Columela, agrónomo y escritor técnico romano nacido en la Bética hispánica en su “De res rustica” (“los trabajos de campo”) en el siglo primero DC fue de los primeros en relatar la forma en que debía ser cultivado el cannabis. En el segundo siglo DC Galeno medico y fisiólogo griego de tradición hipocrática constato los efectos gastrointestinales del cannabis y la psicoactividad cuando el consumo era excesivo [Russo, E., 2004].
Más o menos durante esta época fue que llego el cannabis a África vía Zanzíbar, isla usada por comerciantes persas para establecer rutas comerciales entre Oriente Medio e India y África en la que las tribus bantúes de las actuales Tanzania y Mozambique descubrieron su cultivo; posteriormente estas lo difundieron en sus movimientos migratorios por tierras africanas tanto hacia el oeste como hacia el sur, las actuales Angola, Zaire, Zambia e incluso hasta el gran Cabo mucho antes de que llegaran los europeos [McPartland, J. M., Guy, G. W. (2004)].
Previamente ya se había producido una diferenciación en el seno del acervo genético de C. indica debido a una selección humana asociada a la finalidad que el cultivo de cannabis tenia para las antiguas civilizaciones presentes en el sur y el este de Asia. Así China como se ha venido viendo hizo del cannabis el gran motor agrícola de su economía primigenia y por tanto en una sociedad que avanza hacia el desarrollo la optimización de la producción de fibra se convirtió en un factor de suma importancia teniendo en cuenta que no era solo cuestión de ropajes, telas y cuerda sino de papel recién inventado por esta cultura más fácil y barato de producir que el pergamino y el vehiculo transmisor de cultura esencial para una gran civilización; junto a la de semilla ya no solo como alimento para hombres y animales sino para algo más importante en la configuración de sociedades más complejas, la iluminación, pues la alta proporción de aceite en su contenido la hacia una fuente de combustible rentable para las lámparas de la época y hasta la llegada del queroseno, ya en la era del petróleo, en la casi única. Sin embargo en La India y en regiones del sur Asiático al norte de este país el cultivo ocupo un lugar importante en la comunidad debido a su consideración como plantas sagradas por parte de determinados grupos religiosos y como medicina en su tradición oral, que enfoco la domesticación de la especie hacia la producción de flores o resinas desde el primer momento por no hablar de las técnicas de cultivo como la del cultivo “sinsemilla” o de procesado como la extracción de resinas por aglutinación de los tricomas florales que también giraban en torno, aun sin ellos saberlo, a la producción y cosechado de cannabinoides. Podemos afirmar que es en estas regiones de la India y alrededores donde nace propiamente la cannabicultura medicinal (y/o narcótica) es decir el cultivo de cannabis para obtención única y exclusiva de inflorescencias femeninas maduras sin fecundar.
Así C. indica se podría dividir a su vez en cuatro biotipos o “subespecies” si consideramos como taxón ‘especie’ a este. C. i. kafiristanica vendría a representar esta transición del acervo cannábico primigenio de Asia central a esos biotipos con gran capacidad de biosíntesis de cannabinoides psicoactivos, pues serian los biotipos naturalizados o escapados de los primitivos cultivos al norte de la actual India, en Nepal. Los otros tres pertenecerían a esa diferenciación a la que hacía mención siendo C. i. indica propio del sur de la india y por extensión-divulgación de su cultivo del sur-este asiático (Burma, Tailandia, Vietnam,…) y C. i. chinensis propio de China y del este central del continente a nivel general (Corea, Taiwán, Japón,…). C. i. afghanica es un biotipo bastante concreto de cannabis seleccionado para la producción única, por parte de grupos tribales reducidos de las montañas de Afganistán y Turkmenistán, de la resina sacada por extracción y aglutinación de los tricomas glandulares (y no glandulares) presentes en la planta, conocida mundialmente como “hachish”; por tanto algo parecido a lo acontecido en la India pero en Asia central, que confirma que el humano se fijo desde el primer momento en las propiedades narcóticas del cannabis [McPartland, J. M., Guy, G. W. (2004)]. Una vez más la suma adaptación-uso-domesticación-selección confluye en el biotipo cultivable presente en la actualidad pues tanto su morfología como su aptitud fisiológica así como el perfil cannabinoide de sus inflorescencias la distinguen del resto de “indicas”.
Teniendo en cuenta que los ecotipos y poblaciones cannábicas locales africanos presentes en la actualidad corresponden casi por completo a C. i. indica y que las tribus bantúes adoptaron como termino para designar al producto cosechado de estos cultivos una variante del “ganjha” hindú que fue “riamba” podemos pensar que la tradición cannabicola africana previa a la colonización proviene de la India o de la asimilación de sus costumbres por parte de pueblos persas que lo llevaron y así lo confirma tanto su forma de cultivar la planta como los usos que de ella se dan aun hoy en el seno de algunas tribus-poblaciones del este y sur de África. Como este tipo de culturas o civilizaciones si se quiere no poseen documentos escritos poco o nada se sabe acerca de los usos medicinales o tipos de prescripciones médicas que se hacían de la hierba en aquel primer periodo de expansión del cultivo por África anterior al Islam.
En tiempos del imperio romano también se produjo la llegada del cannabis a las islas británicas como demuestran los registros arqueológicos y de polen, siendo desde el primer momento un cultivo importante como fuente de grano, fibra y medicina [Dark, P. (2000)].
Existe a partir de los primeros siglos de nuestra era en Europa un dilatado periodo de “silencio” en torno al tema del uso medicinal de la planta y su terapéutica, rara vez interrumpido hasta el siglo IX e incluso X; precisamente dos citas en antiguos manuscritos del periodo anglosajón británico lo romperán; una en “Old English Herbarium Manuscript V” que explica su uso en heridas y para el “dolor de barriga” refiriéndose ya con el termino empleado actualmente por ingleses y americanos para referirse al cannabis cultivado por su fibra o grano, “hemp” que seria el equivalente de nuestro “cáñamo”. Otra seria la del “Lacnunga”, texto religioso-medico de la tradición semi-pagana de estos pueblos germánicos que la incluyen como ingrediente de la “holy salve”, una especie de ungüento o mantequilla vegetal para usar como analgésico. Además es en la tradición anglosajona donde se encuentran las primeras referencias medievales acerca del uso medicinal del cannabis fuera de los escritos pertenecientes a la pujante y esplendorosa civilización árabe que fue la gran impulsora en occidente de la terapéutica con hierbas y plantas por aquella época; los grandes difusores del conocimiento científico y médico clásicos tras la caída del imperio romano.
Bibliografía
- Dark, P. (2000) “The Environment of Britain in the First Millenium”, Duckworth Ed., London, UK.
- Hilling, K. W. (2004) “Genetic evidence for speciation in Cannabis (Cannabaceae)” in Genet Res Crop Evol 51.
- Hilling, K. W., Mahlberg, P. G. (2004) “A chemotaxonomic analysis of cannabinoid variation in Cannabis (Cannabaceae)” en American Journal of Botany 91(6): 966-975.
- McPartland, J. M., Guy, G. W. (2004) “The evolution of Cannabis and coevolution with the cannabinoide receptor. A hypothesis” en: Guy, G. W., Whittle, B. A. y Robson, P. J. editores (2004) “The medicinal uses of Cannabis and Cannabinoids”, publicado por Pharmaceutical Press; London, UK.
- Merlin, M. D. (2003) “Psychoactive Plant Use in the Old World” en Economic Botany 57(3) pp. 295–323, The New York Botanical Garden Press, Bronx, NY, USA.
- Russo, E. (2004) “History of cannabis as a medicine” en: Guy, G. W., Whittle, B. A. y Robson, P. J. editores (2004) “The medicinal uses of Cannabis and Cannabinoids”, publicado por Pharmaceutical Press; London, UK.
- Small, E., Cronquist, A. (1976) “A practical and natural taxonomy for Cannabis” in Taxon 25: 405-435.
Ortega dijo una vez, "Ser de la izquierda es, como ser de la 